9.29.2009


Analicé rápidamente todas las posibilidades en mi mente.

Primera opción: me había vuelto loca. Al menos ésa es la palabra que vulgarmente se aplica a aquellos que escuchan y ven cosas en sus cabezas.

Entraba dentro de lo posible.

Segunda opción: Mi subconsciente me proporcionaba aquello que quería oír. Era la satisfacción de un deseo, es decir, un alivio momentáneo de la pena al aferrarme a la idea incorrecta de que a él le preocupaba que yo viviera o muriera. -

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